Linaje de la Sangha Diamante, Buenos Aires Argentina

Poesía | Haikus

Barriendo en Shobo-An
hojas secas, escapan como peces,
entre mis pies.

Canta el gallo en la mañana
mientras titila la vela.
Quince sombras haciendo zazen.

A esta fresca noche de otoño
respondo:
tomando té y leyendo haikus.

Oh! Ese goteo nocturno
¿A quién llamará con tanta insistencia?

El libro leído sobre la mesa,
el sueño del autor
dentro de mi sueño.

Destapando la pileta de la cocina
encuentro, sumergidos,
cuencos y ollas sin tiempo.

¡Servilleta y cuencos limpios!
Comienza sesshin.

La taza de té, vacía,
refleja
extraña intimidad.

Gassho tras gassho
en el hall del Buddha.
¡Olas del Zen!

En la noche oscura
el grito de una niña
llamando a su hermana.
¡Maravilla! ¡Maravilla!

Sol de invierno en el lago,
como una vieja madre
dejo vagar mis pensamientos-hijos.

Tristeza profunda
envuelta en viento de agosto
la miel brilla sobre el pan.

En la soledad del universo
Julieta y yo
dictando y tecleando la máquina.

Mi cuerpo es esta montaña
y mi pensamiento
se suma al vuelo del águila.

En el filo de la sierra
solitario
un árbol cantando.

Viento fresco
dibujando mi cuerpo
íntimo, íntimo viento.

La puerta del huerto abierta
el viento ha salido
y no ha cerrado, no ha cerrado.

En la habitación a oscuras
un mosquito bañado por la luna
una puerta sutil del Dharma se abre.

El canto lejano del hacha
y el sol asomando entre los pinos
¿Por qué?

El canto de los grillos
y el olor del pan
El frescor de la leche
y un bols maravillosamente naranja
Gracias! Gracias!

En el espacio interestelar
una mujer acarreando un carro
¿A dónde va? ¿De dónde viene?

Volviendo a casa
-¡Te explotan, mirá la hora que es!-
¡Brumoso crepúsculo por doquier!

En este otoño de miseria mental y desocupación
la risa de Yael
es una flor en el mar de Samsara.

Como una hoja de otoño
cae mi enojo
¡La brisa de Prajña sopla por doquier!

El ladrido de los perros
disipa la ilusión de solidez
de mi cuerpo y el de esos álamos.

Después del trabajo
en el filo del misterio y lo cotidiano
oleadas de paz y placer
flotan entre los sonidos de la calle.

El mismo viento que hace susurrar los pinos
transforma las flores de ciruelo en mariposas.
El mismo viento agrupa estas palabras.

De “El resplandor del lago” de Rubén Ortiz

“El gozo es el punto esencial, es la piedra de toque
que chequea al oro. Cuando no tienes gozo
hay algo errado en tu comprensión.”
-Aitken Roshi-