Linaje de la Sangha Diamante, Buenos Aires Argentina

Humor

MAMBOKAN

“Con el más mínimo mambo,
pierdes el cuerpo, pierdes la vida.”

PREFACIO DEL EDITOR

El Mambokan es una compilación de anécdotas surgidas en nuestro entrenamiento Zen. Cualquier semejanza con maestros, monjes o estudiantes conocidos, es mera casualidad. De hecho se ha tomado el “Mumonkan” como base literaria para la narración de las anécdotas; ante esto hacemos nuestras respetuosas inclinaciones ante el Maestro Mumon, esperando que su propia lámpara nos ayude a ir más allá de los “mambos” que surgen en nuestra práctica y vida, mambos ilusorios, mambos iluminados.

Lo gracioso, lo cómico, son aspectos saludables en nuestra vida. Con una mente autocentrada, un chiste, una torpeza, un desliz, llegan a convertirse en elementos humillantes o de tortura mental. Sin embargo, si nos situamos como señala Aitken Roshi, en los intersticios de las cosas, dejando fluir los hechos libremente, permitiendo que “Las diez mil cosas avancen y confirmen el sí-mismo”, entonces ese chiste, esa torpeza, ese desliz, se vuelve fluyente energía estallando en risas, disolviendo las tormentas del ego.

El Mambokan es nuestra propia torpeza hecha risas, nuestra propia dificultad transformándose, la aliviadora lluvia de nuestro interior sonriendo con un quizás: ¡Oh! ¡Oh!, qué gracioso, tropiezo !, equivocación !

Ojalá la risa disuelva en pedazos nuestras actitudes autocentradas y haga surgir compasión y sabiduría, como la fresca lluvia disuelve el calor de la atmósfera, alimenta la tierra toda y hace brotar flores y frutos.

Los hechos narrados en el Caso 1 del Mambokan (publicados en el N° 1 de la revista “Viento Dorado” de la Sangha Vimalakirti en el año 1992) se inspiran en lo ocurrido a lo largo de variados períodos de entrenamiento en el antiguo Shobo An de Barrio Loza, en los Dojos ambulantes de Buenos Aires y en el Zendo del Dragón Rojo. Comentarios y poemas pertenecen a Mambo mismo y hacemos votos para que generaciones futuras, en todo sitio, hagan surgir estudiantes que penetren, clarifiquen y realicen este Dharma cómico.

El Caso 2 y los casos por venir han surgido con el segundo milenio y profundizan la apertura del ojo en compota del Dharma, oscureciendo nuestra percepción cada día más.

Dedicamos este libro sin par a la Kombi de Augusto Gen’Un Alcalde, generoso y compasivo vehículo que tantas veces transportó estudiantes del Dojo al ómnibus justo medio minuto antes de que éste partiera. ¡Que en paz descanse! ¡Ha completado su karma incinerándose! ¡Ha llevado su misión a la plenitud!

Año del Ñandú
Cuarto Creciente

MAHA PARAMAMBO SUTRA

Una biografía del Muy Venerable Maestro Mambo

Así he oído:

El muy venerable maestro Mambo nació en un país subdesarrollado del Sur, durante el reinado de la dinastía Men Dez, bajo la influencia del nuevo orden mundial gestado en el Norte.
Su adorada madre le dio a luz en un vetusto sanatorio, en medio de una feroz huelga de médicos.
Al ver la luz de la sala de partos comprendió que era su último renacer y dejando caer su cuerpo y mente se abrió paso con vigor. Era tal su decisión y voluntad que fue a parar directamente al piso, allí se alzó sobre sus dos piernas rollizas, caminó siete pasos al Norte, catorce al Sur, veintiocho al Este, y al dirigirse al Oeste tropezó y cayó al suelo golpeándose muy fuerte. Fue entonces cuando abriendo su boca y usando su poder paranormal de hablar en lenguas dijo: “¡Ohh God! ¡I have a little body!

Este fue su Primer Hecho

A la edad de veintinueve años era soltero y sin mujer. Trabajaba en una oficina quince horas por día y alquilaba un pequeño cuarto donde dormía y compartía el baño con otros inquilinos. Día y noche su mente se mantenía enfocada en la única cuestión que le daba motivación para vivir, un profundo recuerdo fijado en el inconsciente a través de vidas y vidas de práctica, búsqueda, profundización, un mensaje grabado a fuego por su maestro.
En la oficina, ensobrando cartas, en la pizzería Ninja, en su cama, día y noche, minuto a minuto, solo había lugar para el Gran Koan que acaparaba su atención:

– el maestro había dicho: “¿Cómo cuernos saldrás de esto?”

En ese tiempo cuatro sucesos ocurrieron y transformaron su vida puliendo su karma y disparándole hacia su destino:

  • Le aumentaron el alquiler y ya no pudo pagar.
  • Su TV se descompuso definitivamente.
  • La vecina del 4to. piso se mudó.
  • El portero le miraba siempre muy mal.

Mambo comprendió entonces: La vida es sufrimiento

Este fue su Segundo Hecho

Pleno de deseo de realización partió en busca de maestros que le guiaran a través del Gran Camino. Entrenó y estudió en las más variadas disciplinas espirituales de la época: Aerobic, Streching, Fisicoculturismo, Paddle, Marketing, Zapateo Americano, y hasta Secretariado Ejecutivo. Mas no halló consuelo para su inquietud espiritual y se sentía estancado en su Koan.
Cansado de todo, deprimido, entregado al fin, tomó su mochila y se fue a Río. Acomodó una bolsa con cascotes que estaba por allí, y se sentó bajo un árbol con la firme determinación de alcanzar la Iluminación Suprema. Luego de siete días sentado sin comer ni beber ni dormir, fue rescatado semimuerto por un indigente ebrio que andaba por allí.

Este fue su Tercer Hecho

Años pasaron de intensos peregrinajes, búsquedas sin fin.

Un día paseando por el mercado, oyó hablar en susurros de un extraño y exótico lugar prohibido llamado “El Dragón Rojo”. Pleno de excitación, intuyendo íntimamente que eso era, armó su mochila y partió a pie. Tardó ciento ocho días en llegar. Cruzó rutas, avenidas, la pampa, la sierra, ríos y montañas. Al fin llegó semimuerto de cansancio. Contempló el río correr danzante, las flores azules, los dientes de león, y comprendió que si no comía algo iba a morir sin alcanzar su objetivo. Decidió cruzar la ruta, apenas tres metros lo separaban de su sueño esencial, pero las piernas no le respondieron, agotadas por el esfuerzo se detuvieron en la mitad de la ruta y ya no pudo avanzar. En ese momento venía a toda velocidad una moto antigua conducida por un extraño hombre de barba y atropelló a Mambo que se encontraba paralizado en medio de la ruta. Malherido y agotado Mambo se halló en el piso y abriendo sus ojos se encontró con el rostro extraño del hombre de barba que lo miraba con curiosidad. Con su último aliento y deseoso de morir en paz Mambo preguntó: “¿Es este el famoso Dragón Rojo?”. El hombre de barba dijo: “¡Huummmm!”. Al oír este sonido Mambo experimentó como si un inmenso bloque de hielo se hubiera derretido en su interior y con él se hubiesen disuelto todas sus dudas. Sudando y en lágrimas hizo Sampai ante la moto antigua, y ante el extraño hombre de barba y escribió en el asfalto con un tarro de pintura que estaba por allí:

Si no lo ves, la vida es un bloque sólido, sufrimiento sin fin.

Si lo ves, la vida es como una burbuja, como un sueño,

y no puedes sino balbucear acerca de ello.

Ahora dime: Si no lo ves y no no lo ves, ¿Qué es?

Este fue su Cuarto Hecho

Luego de alcanzada su iluminación Mambo se quedó junto al extraño hombre de barba durante cincuenta años, profundizando la Visión Sin Fin.

Unos meses antes de morir escribió el Mambokan, La Barrera Sin Mambos, para el beneficio de los diez mil seres en los tres tiempos y en las diez direcciones. Luego de saludar a sus discípulos y compañeros subió a la moto, símbolo de la transmisión, y partió a la eternidad.

MAMBOKAN – La Barrera Sin Mambos

Caso 1: El perro con garrapatas

El caso:

Un perro con garrapatas escuálido rondaba el Zendo durante el Sesshin de verano. El cuarto día de Sesshin dos extranjeros que venían del otro lado de la montaña entraron en el cuarto y hallaron allí al perro, durmiendo sobre un colchón. Hablaron de esto con el Ino, que ocupaba el cuarto vecino, y éste sacó al perro y lo llevó al jardín. Más tarde los extranjeros entraron al cuarto de Dokusan y luego de las inclinaciones se sentaron frente al Roshi y le dijeron esto. El Roshi dijo: “¿Qué preferís? ¿Dejar al perro aquí o sacarlo afuera donde seguro morirá de hambre?”. Los extranjeros no respondieron. Luego del almuerzo el Roshi llamó al Ino y al Tanto y les dijo: “Si algún director del Dojo sin compasión desea sacar al perro de allí, que lo ponga en la Combi y yo lo llevaré a un sitio seguro.” El Tanto y el Ino pusieron al perro en una caja y al atardecer el Roshi se lo llevó de allí.

Comentario de Mambo:

Para practicar el Zen es necesario que traspases la barrera levantada por el hombre de barba. ¿Cuál es esa barrera? Sencillamente este perro con garrapatas. Si atraviesas esta barrera no solo verás al perro cara a cara sino que caminarás cogido de la mano con todas las generaciones de perros, gatos, comadrejas, zorros y coyotes. ¿No es esto una alegría inmensa? Entonces concentra todo tu ser, con tus trescientos sesenta huesos y tus ochenta y cuatro mil folículos pilosos en esta garrapata. Sólida bola de duda.
Día y noche no lo consideres como dejar al perro o sacarlo. Debe ser como una garrapata incandescente que devora tu piel, sangre, carne, huesos y tuétano. Caerá por sí misma. Entonces serás como un tartamudo que ha tenido un sueño. Lo sabes pero no puedes sino balbucear acerca de ello. Es como si le hubieras arrebatado el tarro de miel a Tan Raku. Agota toda tu energía en esto: ¡Perro con garrapatas! Te verás iluminado de repente como si alguien hubiera pagado la boleta de la luz y ésta se hubiese encendido súbitamente.

Poema de Mambo

¡Perro con garrapatas! ¡Naturaleza de Buddha!
Perfecta presentación de la totalidad.
Con un: Que se quede o que lo saquen
Pierdes tu cuerpo, pierdes tu vida.

Caso 2: Haqui Yo y el ratoncito

El caso:

En la época del Buda Kasho, Mambo era el Abad del Monasterio “Cueva de la Montaña”. Muchos novicios acudían a su enseñanza, sorteando el peligro de los ladrones del camino, los interminables piquetes de los campesinos sin trabajo y las escarpadas cumbres que protegían el Monasterio. Mambo había acuñado en esa época un famoso aforismo que luego echaría profundas raíces en países sudamericanos donde luego viajaron sus sucesores. El aforismo decía: “Un día sin trabajo, mejor. Entonces descanso”. Los seguidores de Mambo fueron conocidos como los Ñoquis Dharma, en referencia a la forma de sus mantos arrollados como ñoquis.
Por aquel tiempo había un joven novicio llamado Haquí Yo (en chinglés se pronuncia Here I) el cual meditaba con fervor día y noche pero no lograba apartar de su mente pensamientos de sensualidad. Un día Haquí Yo luchaba con su propia mente en la Sala de Meditación cuando escuchó un suave sonido cerca. Crickkk, Crickkk. Abrió un solo ojo y con pasmo observó un pequeño ratoncito gris que agitaba sus patitas delanteras contra el zafu de Haqui Yo. El monje novicio se apiadó del pequeño roedor y pensando que el Monitor del Zendo terminaría aplastando al pobre bicho con el palo kyosaku, con un rápido movimiento guardó el roedor en su manga.

Cuando el bloque de la tarde terminó, Haqui Yo salió del Dojo y fue al bosque cercano. Allí, sacó al ratoncito de su manga y le preguntó: “¿Quién eres?”. “¿Qué deseas?”. El roedor sonrió y dijo:
“Oh compasivo monje, no soy un ratón en verdad. Hace muchos años yo era el director de este monasterio cuando un joven novicio como tú se me acercó y me preguntó: ‘¿cómo se evitan los pensamientos sensuales?’. Yo respondí: Apártalos con fuerza!! No les dejes entrar!! A causa de esta respuesta renací durante 500 vidas como un ratoncito. Ahora, monje compasivo, llevame ante tu maestro.”
Haqui Yo, conmovido y con lágrimas en sus ojos, condujo al ratón a la sala de Dokusan. Golpeó la puerta y al no tener respuesta entró directamente.
Mambo roncaba profundamente sentado en su zafu y al oír que alguien entraba abrió sus ojos. Haqui Yo y el ratoncito hicieron sus postraciones y se sentaron en silencio frente a Mambo.
Luego de algunos instantes de tensión el ratoncito dijo:

“¿Cómo se evitan los pensamientos sensuales?”.

Mambo se desperezó en el zafu, se levantó y fue hacia la ventana. Allí se quedó observando un rato a una novicia joven que trabajaba la huerta, acompañando a la más vieja de las monjas que remendaba medias en una silla. Luego se volvió a sentar y dijo:

“El monje mira las caderas sin usar los ojos. La vieja tiene prótesis pero no depende de ello”.

Al oír esto el ratón tuvo una profunda realización y con lágrimas en los ojos se prosternó ante Mambo y dijo:

“500 vidas persiguiendo el queso y cayendo en la trampa. Y ahora vos, con sólo decir dos pavadas, me has liberado”.

En ese momento el Monitor del Dojo entró súbitamente a la Sala de Dokusan y viendo al ratón lo golpeó con el palo y le aplastó.
Mambo dijo: “entiérrenlo con los honores de un monje”.

Haqui Yo quedó muy conmovido y se retiró a sus habitaciones. Luego de llorar a lágrima partida durante el tiempo que tarda un incienso en consumirse se quedó profundamente dormido. Tuvo un sueño muy particular. Una banda de ratoncitas le acechaban.
Por la mañana el Laico Muzenji, que estaba a cargo de las actividades generales del Zendo fue a los aposentos de Haqui Yo y al verle el rostro pálido y el cabello despeinado emitió un tremendo grito:

RATS !!!!.

Haqui Yo debió ser llevado en estado de shock a una clínica y a partir de allí fue atendido con un Consultor Psicológico una vez a la semana.

Comentario de Mambo:

¿Evitar los pensamientos sensuales? Caes en la trampa. No podrás evitar el ratoneo por una eternidad.
Ahora, si aún no tienes el ojo Dharma en compota, sabrás que el ratón ha probado todos los quesos, incluso los saborizados, durante sus 500 vidas. Y está lleno de felicidad !
Pero veo que tu ojo está en compota. Qué tristeza ! Qué tristeza !

El Poema:

Ratón Perez, Ratón Mickey, Super Ratón
1000 nombres para la misma cosa.
Aún así, el sabor del roquefort es único.

Caso 3: El pié del monje Gota de Té

En el Monasterio de Podo-Shan, al sur del continente, vivía un monje apodado Gota de Té. Se le puso ese apodo debido a que muchas veces se le veía derramar lágrimas durante los oficios diarios. Los seglares que venían a los oficios, se admiraban de la compasión que parecía sentir este monje por todos los seres que sufren, pero, en verdad, sus lágrimas eran producto del sufrimiento por si y la autocompasión. Gota de Té sufría por si mismo.
Aún así, Gota de Té era un fervoroso practicante de zazen y cumplía todas sus tareas, tal cual el mas eficiente y concentrado adepto. Sin embargo, en su interior, sentía infelicidad y confusión.

El maestro del monasterio había intentado en vano guiar a Gota de Té en su Camino de retorno al Hogar. Le había explicado con paciencia durante horas cada día, todos los detalles de los sutras. Le daba sabios consejos, y hasta le recetaba diversos remedios y hierbas. En ocasiones le contaba cuentos antes de dormir. Pero no había caso. En una oportunidad, incluso, acompañó a Gota de Té en una larga meditación en la noche, dándole 500 palazos con el kyosaku, pero no dió efecto alguno.
Desesperado, y un poco harto en verdad, el maestro del Monasterio dijo a Gota de Té:

– Monje, tu camino aquí ha llegado a un callejón sin salida. Toma tus cosas y vete al Monasterio de Mambo. Quizás él pueda pacificar tu mente.

Gota de Té partió esa misma noche, llorando por el camino y discutiendo consigo mismo.
Al amanecer, con las primeras luces, llegó al Monasterio de Mambo. El monje hospedero le recibió con una mueca.
Gota de Té preguntó donde estaba Mambo. El monje hospedero le indicó: detrás de la colina. Gota de Té se dirigió allí.
Su corazón latía fuerte, sus pensamientos surgían uno tras otro, inquietud y esperanza, entusiasmo y desazón, su mente se movía de un sitio al otro.

Al llegar del otro lado de la colina, Gota de Té vió a Mambo en una extraña posición, semisentado, con la pierna izquierda flexionada y la pierna derecha estirada hacia arriba, como mirando al sol. Gota de Té se quedó impresionado por la Yoga del Maestro y se fue corriendo sin decir nada.
Buscó el pino más imponente en el bosque del monasterio. Dejó su mochila colgada en una rama, y se sentó en la misma posición en que había visto a Mambo, su corazón esperanzado y su mente decidida.

Durante tres días con sus noches permaneció en esta postura, buscando fervorosamente la realización.
Al despuntar el alba del cuarto día, sintiendo su cadera destruída, medio cuerpo hipertenso por la postura, el cuello rígido y el espíritu colapsado, Gota de Té tomó la decisión de levantarse.
Ya no sentía esperanza, tampoco orgullo, en realidad no sentía nada excepto un dolor insoportable en la cadera.
En ese especial estado de cuerpo y mente volvió donde Mambo.

Mambo estaba en el mismo sitio en la colina. Estaba terminando la cura de su pié, este era el último día. Ese pié infectado le había tenido a mal traer, pero por suerte el medico del monasterio había hallado la receta justa; hierbas y 10 minutos diarios de exposición al sol, durante cuatro días.

Gota de Té se acercó a Mambo cojeando. Con el espíritu como al borde de un precipicio, con voz temblorosa dijo:

Venerable, he buscado sin cesar el fin del sufrimiento, pero no he encontrado otra cosa que más y más dolor, puedes señalarme el camino?

Mambo le miró y pensó para si: otro monje loco. Y sin darle bolilla levantó su pié para curarlo al sol.

Al ver a Mambo levantar el pié al sol, a Gota de Té se le aflojó la cadera, y experimentó la caída del cuerpo primero, y al golpearse contra la roca experimentó la caída de la mente y se desmayó.
Al volver en sí con todo su cuerpo sudando copiosamente por la baja presión, tomó conciencia de que aún estaba vivo. Las lágrimas brotaron de sus ojos y bañaron su rostro demacrado. Juntó las manos en plegaria y dijo:

Durante años he buscado sin fin ni principio, ahora tú me has señalado el camino y lo he visto: pié y cabeza son uno solo, y no encontrarás sitio alguno donde apoyarte.

Mambo no le escuchó porque dormitaba con el sopor de estar al sol, mientras su pié se curaba.

Por la tarde los monjes vinieron a buscar a Gota de Té, que no podía moverse por su cadera. Lo llevaron al quiropráctico del pueblo, el cual se la acomodó. Su grito se escuchó en los Seis mundos.

Comentario de Mambo

La realización de Gota de Té no tiene nada que ver con pies ni cabezas. Si él se hubiera pinchado con la astilla que yo me clavé entonces sería otro cantar, y podríamos conversar sobre métodos de curación.
Hay que ver de donde viene tu dolor. Si me muestras la astilla en tu mente quizás podamos compartir una cerveza.

El Poema

Busca la quinta pata al gato y no hace otra cosa que magullarlo !
Mete la pata una y otra vez y se embarra hasta el caracú !
Wang Chan Kein andaba sobre el papel de arroz sin dejar huellas,
RicoMc Pato juntó monedas para nada,
Gota de Té está metido hasta las patas en el Camino, y no lo vé !!

Cuando caes en la confusión,
el olor a pata se siente desde muy lejos,
y, cuando pases, deidades y chicas fruncirán su nariz.

Noviembre 2005, año en que Borocotó se pasó a la otra orilla.

“Con el más mínimo mambo,

pierdes el cuerpo, pierdes la vida.”